A su rica y extensa discografía, el gran Matthew Herbert sumará durante este año cuatro nuevos discos. Inauguró esta trilogía conceptual con el excelente One One, disco de canciones, interpretadas y grabadas en la soledad de su estudio. Por estos días, lanza el segundo capítulo bajo el título One Club y, para fin de año, promete One Pig.
Mientras dedica estos lanzamientos- a través de su propio sello Accidental- a su ego, a la discoteca y al chiquero, fue convocado por la discográfica alemana dedicada a la música clásica, Deutsche Grammophon, para formar parte de la serie Recomposed. Este proyecto en su última edición contó con la participación de Carl Craig junto a Moritz Von Oswald re mezclando obras de Ravel y Modest Mussorgsky. En esta oportunidad, cuentan con el productor inglés para una re elaboración de la sinfonía décima e inconclusa que Gustav Mahler se proponía concluir cuando lo encontró la muerte.
Para llegar a Mahler Symphony X Recomposed, fiel a su estilo, Herbert busca dar una nueva vuelta de rosca a la idea del músico electrónico remixando música clásica. No se agota en el corta y pega de las grabaciones de la Filarmónica dirigida por Giuseppe Sinopoli, sino que va mucho más allá involucrándose con el espíritu de la obra del compositor austríaco. Luego de quedarse algunos días en la cabaña en Toblach, donde el compositor buscaba inspiración, grabó sonidos de campo dentro de un ataúd, sesiones de viola en la mismísima tumba de Mahler y hasta recogió sonidos en un crematorio. Es el tipo de mística y detalles adicionales que Herbert ama agregar a muchas de sus obras, como si no fueran suficientemente conmovedoras como este caso en el que la melancolía y el recogimiento se imponen. Así sintetiza su búsqueda en este trabajo: “Mi objetivo es aprovechar los avances técnicos del siglo XXI para amplificar los sentimientos de desesperación, soledad, terror, pena, locura y muerte inherentes a esta obra de Mahler“.
Nada debe sorprendernos de este artista que ha pasado de la música de pista House a las canciones souleras, de involucrarse con una Big Band a poner cocineros en escena como parte de su performance y producir a Roisyn Murphy o Micachu.
Su regreso a la música de club no deja de tener una anécdota sabrosa detrás. One Club es fruto de sus grabaciones durante la noche en la que debía tocar en el club Robert Johnson en Frankfurt donde decidió microfonear distintos lugares de la disco y contar con los sonidos del público al que arengó con ritmos machacones e invitó a corear en plena pista. Incluso varias de las tomas están realizadas desde fuera. Por eso describe a su nuevo disco como de “música para club hecha desde fuera de un club”. Con este proyecto, que fue presentado en la última edición del Sónar, cerró el círculo volviendo al Robert Johnston para tocar este set en el que se lo puede apreciar en plan Techno y a puro sacudón como hace tiempo no se lo veía. A no desesperar que, antes de fin de año, nos toparemos con su disco dedicado al nacimiento, crianza, muerte y banquete de un pobre chanchito que lo tuvo grabando durante meses en un chiquero.





